
Por estas fechas, cuando los cofrades vivimos ya solo para la cuaresma que se avecina, no puedo evitar pensar (una vez más) en mi Sevilla. Yo creo, que ya debo de empezar a resignarme y acostumbrarme a que cuando empiecen los ensayos, no estaré en ninguna igualá, ni rachearé en ningún callejón, ni me pondré nervioso haciendo un costal, ni me liaré ninguna faja entre naranjos y azahares.
En la vida, todo el mundo tiene aspiraciones, que cuando se magnifican se convierten en sueños, que normalmente no se cumplen, y en sueños se quedan...
POSDATA: Eso sí, orgulloso caminare con la mejor cuadrilla de Almería el Domingo de Ramos, y para "engañar al hambre", caminare el Miercoles Santo por la campana, con mi túnica baratillera.
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