Curiosa imagen habríamos dado esta tarde, si nos llega a parar la guardia civil, los tres aficionados volviendo por la autovia, con el flamenco en el transistor, el bocata de melva en una mano y el de sardinas en otra, mientras gritabamos ¡pasame el vino! y bebiamos a morro de la botella que efectivamente nos pasabamos. Pero se trataba de la celebración del primer tentadero del año, lo merecía.
Ahora bien, cuando me he referido a tres aficionados, no he sido sincero del todo. Antonio Marquez no es aficionado. Tras dedicar su vida al toro, ultima la preparación de cara a su alternativa, que significará el broche de oro a su trayectoria profesional.
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Y Jesús Torres, novillero, tampoco es aficionado, por lo que en realidad, el único aficionado, era yo.
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La vaca creo que fue importante para todos, no regalaba los pases, pero los tenía. No era tonta, ni malaje. Era brava, pero te dejaba estar. Por el pitón derecho se acabó antes. Hasta servidor cogió la muleta, y creo que con aceptable resultado.